Según cuenta la historia el 22 de julio de 1677 llegan los escolapios a Barbastro. En octubre se abren las escuelas. En 1680, los que no veían con buenos ojos aquella obra, consiguen que sean expulsados de la ciudad. López Novoa en su Historia de la muy noble y muy leal Ciudad de Barbastro relata así la vuelta de los escolapios a Barbastro: “Se creyó llegado en 1704, y el señor obispo D. Francisco de Paula Garcés, el Dr. D. Gonzalo de Aniñón, deán de la santa iglesia, con el prior y jurados de la ciudad, trataron el negocio, y contando con suficientes recursos para fundar de nuevo el colegio, (…) resolvieron de común acuerdo practicar las oportunas diligencias para la venida de los Padres Escolapios. (…) Tenía Dios reservado el llevar a cabo tan útil y benéfica obra, cual era la instalación permanente del colegio de las Escuelas Pías, al caballero D. Manuel Pilares y Calasanz, que se tenía por pariente del santo Fundador de aquellas, y a su virtuosa mujer Dª Manuela Franco, los cuales, no teniendo sucesión, destinaron todos sus bienes para fundar en sus días tan religioso instituto. Muerto D. Manuel, dicha su señora con heroica y generosa resolución donó absoluta e irrevocablemente todos los bienes del difunto y los suyos propios a favor de la fundación. (…) Aceptada la fundación en el año 1720 por el R. P. Antonio de San Medardo, vicario general de las Escuelas pías en España, y obtenida la licencia del señor obispo D. Carlos Alamán, se abrieron las escuelas públicas de primeras letras y gramática latina el 19 de octubre de 1721 en la casa de la misma fundadora Dª. Manuela Franco (entre la calle Mayor (hoy Argensola) y el río. Coincide plenamente con el actual emplazamiento del colegio) (…) Esta piadosa señora murió a los siete años después de la fundación, habiendo vivido retirada del mundo, y practicando constantemente las virtudes en la habitación separada que ella misma se había elegido y reservado en la casa que cediera para el colegio.”