Información nº135

José Alfaro, misionero escolapio

Desde hace un mes, finales de octubre, y previsiblemente hasta finales de diciembre, José Alfaro está viviendo en nuestra comunidad de Logroño.

Si ya estamos acostumbrados a sus llegadas periódicas, (la última fue en junio de 2019), la de este año se prolongará algo más de lo normal, y no contará con las visitas a las diferentes comunidades de la Provincia como antes acostumbraba. Ni siquiera a la de Peralta de la Sal, su comunidad de referencia, a la que está adscrito desde 2013 por su pertenencia a nuestra Provincia. (ya desde 2010, aun perteneciendo a la Provincia de Argentina, su comunidad de referencia era la de la casa provincial de Zaragoza)

La actual situación sanitaria le obliga a permanecer en Logroño, y así al menos nos facilita proporcionarle el descanso y las revisiones médicas pertinentes, que es algo que le cuesta asumir, pero que acepta con resignación e inteligencia.

Hace unos días tuve la suerte de visitarle y compartir un rato de charla, y se me ocurría que, aunque no es lo que normalmente hacemos, puede ser de interés para muchos de nosotros contaros algo de lo que hablamos en el encuentro y la conversación que mantuvimos.

No se trata de hacer una presentación, que ya es de sobra conocido para muchos de vosotros, ni de dar a conocer su obra, que ya tenemos acceso a sus escritos gracias a la Publicación de “Ancho mundo”, sino como gesto de cariño y una cierta necesidad de compartir la peculiar riqueza de su vida. También, para ser honestos, porque prefiero hacerlo ahora, en vida, y no cuando tengamos que rezar por él porque ya se nos haya ido. (A nadie os extrañará que hable en estos términos, de un escolapio que con 83 años vive en la dureza de las montañas de Nepal; apenas baja a Katmandú cada mes y medio o dos, viviendo a temperaturas extremas, con una alimentación y condiciones físicas más fáciles de imaginar, que de entender y asumir; y cuando ya nos ha acostumbrado a bastantes imágenes de sus tumbas, uno de los ritos de cada lugar en los que ha vivido…)

Porque José lo tiene muy claro. Y así me lo volvió a decir y así lo tiene dicho a las personas de confianza que le van acompañando: “sólo al volver de mi entierro, en el lugar que suceda, sólo entonces, comunicadlo a mis escolapios y mi familia”. No tendría sentido para él despedirse de otra forma ni desde otro lugar que desde las poblaciones y comunidades a los que se ha dedicado y en las que se siente enraizado.

Hoy José, antes de que nos lo comuniquen, y esperando que tarde en llegar el día, me atrevo a escribir estas líneas, sin pedirte permiso. Por recordar algo de tus ocupaciones y de tus amores, que lo son también para tus hermanos escolapios, misioneros, también, en estas tierras europeas.

Tus cartas manuscritas pasan ya de ciento y pico, en estilo muy directo, con un peculiar sentido del humor y cierta ironía, contando los avances en la vida y las obras, en las escuelas y “hostels”, y también las reflexiones y el proceso personal, espiritual que todo aquello te provoca. Fotos de las diferentes escuelas y “halls”, también de los “toilets” con los que van mejorando la higiene y la vida de aquellas comunidades… y el listado pormenorizado de los aportes de alimentos a las diferentes escuelas ¿son ya 44?, a los niños y niñas de aquellas montañas, que hoy en Nepal, y antes en India, te transparentan el rostro del Señor y su “tuve hambre…”.

20 años ya de escuelas, de las que Kamda, la localidad india en plena selva, en el distrito norte, Jharkand, con una población especialmente empobrecida y marginada, y hoy con comunidad escolapia, es una de las testigos de aquel trabajo, …Y el detalle de los gastos, de cada euro/dólar de los muchos colaboradores, convertidos en rupias indias o nepalíes. Entre todos ellos, que tú te encargas de agradecer, me pedías que exprese de manera especial tu emoción al recibir las aportaciones de nuestros mayores de la Comunidad “Virgen de las Escuelas Pías”, de la residencia Betania.

Para los más jóvenes, recordar también algunas fechas de su vida. José, el P. Alfaro, nació en Logroño el 8 de abril de 1937. Y después de los estudios fue ordenado sacerdote en 1961. Y ya en 1965 se ofreció para ser enviado a Argentina. La aventura india comenzó en 1994 en Aroor, y desde 2012 con 75 años, la de Nepal. Fechas que se enriquecen con muchos nombres de escuelas, fundaciones y sobre todo personas, niños y niñas, hombres y mujeres que acceden, en muchos casos, por primera vez en aquellas zonas, a la educación. Trabajos y fundaciones que se levantan con el esfuerzo comunitario, con el trabajo directo de la población que percibe, a pesar de la diferencia de religión y cultura, que aquella aportación les abre caminos de futuro. También por la inculturación del mensaje a sus formas y lenguas. José ha ido aprendiendo y desarrollando gramáticas y textos en muchas de ellas. Seguro que se nos olvida citar alguna; desde el quechua de los tiempos de Quimilí, en el norte de Argentina, al malayalam, o el tamil, el hindi y el mundari, lenguas de bastantes de nuestros escolapios actualmente, – hoy la Viceprovincia de India de la Orden la forman ya más 70 escolapios nativos, que se expresan en estas lenguas, difíciles de dominar para un extranjero, pero que José Alfaro ha ido cultivando paulatinamente. Hoy se desenvuelve en sandalí y nepalí, “al menos para que me entiendan o entenderles yo si hablan despacio, y así poder rezar con la gente en su lengua”. Un brillante ejemplo de esfuerzo por la inculturación.

 

Y muchos nombres que cada noche pones ante el Señor. Que dan sentido a tus desvelos y a esta larga historia. Ya sabemos, tú el primero, que eres un escolapio peculiar. Que tu forma de sentir y vivir a Calasanz es la de ser pionero y testigo de primera línea. Que no pides que te manden refuerzos ni compañía, ni entender nuestro concepto de sostenibilidad, pero sí que te apoyemos con nuestra oración, con el sentir de familia escolapia, de provincia misionera, y ojalá, con los ahorros y donaciones que podamos. Eres consciente de que la Orden tiene muchos otros rincones y necesidades. Y que los fondos son destinados a muchas otras misiones, todas ellas con grandes necesidades. Me preguntas con ilusión y verdadero interés por nuestros pasos en Mozambique, por cómo se extiende el Carisma en las tierras africanas…  Y sabes que hoy las plataformas escolapias para la educación y evangelización son diversas…, y aspiras a que también tu contribución sea “para Gloria de Dios y utilidad del prójimo”, y una concreción más de nuestro esfuerzo por las Letras y Piedad. Cuentas con nuestro cariño y acogida, estos días en Logroño, y cuando volvamos a tenerte a muchos kilómetros de distancia, con nuestra preocupación, oración e interés, sabiendo que siempre puedes volver a nuestra casa, a tu hogar en Emaús.

Gracias, José. Ya sabemos que hay muchos otros escolapios que impulsan una misión preciosa, con nombre y apellido, y también muchos anónimos, porque no les ponemos rostro, de la nuestra y de otras provincias… en definitiva, todos; se merecen unas líneas por su trabajo y testimonio y una oración cada noche. Hoy empezamos por estas líneas dedicadas a ti, o mejor, a tus gentes de tantas lenguas y territorios. Porque como tantos de nuestros niños y niñas, en los cinco continentes, en todas las Presencias escolapias del mundo, siguen dándonos razón para existir y avivar nuestra vocación. Gracias a todos/as…

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